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jueves, 1 de mayo de 2014

La Generación del 27 (2): Sus influencias

Sigo con el manuscrito de abril de 1.967

2. Las influencias

"Bécquer es elpunto de arranque de toda la poesía contemporánea española. El fenómeno Rubén, a principios del siglo XX no se puede pasar por alto. Rubén Darío supone la revitalización de una poesía que sestea. El consigue despertar toda la sabia que habia quedado adormecida en las páginas de la lírica española, truncada en el Neoclasiciosmo.

El Modernismo lleno de sonoridad y colorido produce una poesía dirigida a las minorías.

La "Generación del 27"lógicamente  no se libra de este influjo inicial, sin embargo, en su momento cumbre busca todo lo contrario: es un canto, un grito que el poeta quiere lanzar a sus hermanos.

Por eso el influjo de Rubén Darío no es realmente notable,está tamizado por Juan Ramón Jiménez y los Hermanos Machado, quienes para ser propias integridades poéticas han tenido que alejarse de Rubén, un alejamiento que no es más que avanzar al encuentro con Gustavo Adolfo Bécquer.

Cualquier poeta actual (1967) se encuentra mucho más cerca de Bécquer que de Rubén, por tanto en él comienza nuestro camino recto hacia entender a este grupo del 27.

La influencia tiene su segunda fuente en los Machado. Os extrañará, tal vez, que integre a Manuel, casi siempre considerado como secundario. Antonio Machado es denso, sombrío, con la inacabable mirada que surge de su verso y ahonda en nuestro espíritu como un garfio de plata. Manuel es, sin embargo, gracioso, gorgojeante. Su verso revolotea juvenilmente como una mariposa que se fuera a posar en la naricilla de un niño. En su ritmo se encuentra, al menos para mí el antecedente de la gracia de Alberti o Lorca.

Por último Juan Ramón Jiménez es la estación grandiosa que va a influir notablemente en esta generación. Es el maestro.

 He encontrado unos versos de Lorca donde se palpa fácilmente la misma música, el soniquete de "Diario de Poeta y Mar" de Juan Ramón.

Escribe Lorca:

Guardias civiles borrachos
en la puerta golpeaban.
Verde, que te quiero verde.
Verde viento, verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.

Juan Ramón escribe

Ojos gris, mechón de oro,
rostro florido y moreno.
La mujer canta en la puerta,
vida de los marineros,
El hombre siempre en la mar
y el corazón en el viento.

Fijémosnos en los últimos versos: "El barco sobre la mar y el caballo en la montaña", "El hombre siempre en el mar y el corazón en el viento", veremos claramente el undísono que fluye de los dos y el paralelo de su construcción."

Eso escribia el joven estudiante Juan Vera. El de ahora, ya no joven, pero sí estudiante, traigo otra versión del Romance Sonámbulo de García Lorca, el "verde, que te quiero verde" para despedir esta entrada. Un bello dúo entre Ana Belén y Manzanita.




viernes, 1 de noviembre de 2013

Antonio Machado, su verso último

E
Ese momento contado por mi padre: el poeta enfermo, trasladado en ambulancia cruzando la frontera de Francia en la que largas filas de españoles hundidos en la tristeza salían de mi país, se quedó en mi memoria.

Luego supe que en un bolsillo del gabán de Machado, encontraron después de muerto un papel con un solo verso. Y precisamente ese verso es para mí el más conmovedor de su poesía. Lo he musitado muchas veces en mi vida, lo he insertado en escritos.

"Estos días azules y este sol de la infancia"

Una sola linea para describir toda la melancolía.

Después de muerto, también, el franquismo canalla le escupió su trayectoria de maestro expulsándole del cuerpo de catedráticos de Instituto. En 1981 en la España democrática, Federico Mayor Zaragoza lo rehabilitó como nuestra historia requería. Mientras tanto Francia fue su casa de muerte y a Collioure llegaron las cartas de quienes recordaban sus propios días azules, la luz de la infancia oculta en una postguerra fratricida, dolorosa, innecesaria.

Ya Machado había escrito el poema que nos describía como pueblo

 Españolito que vienes al mundo

Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.

Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.


 

Antonio Machado a lo largo de su Poesia

Ya lo he dicho, Antonio Machado nació en Sevilla en 1875 y formó parte de la denominada Generación del 98 de la literatura española. Fue uno de los exponentes de nuestra poesía Modernista, desde que  conoció a Ruben Darío en París y durante un tiempo siguió sus huellas. Fue miembro de número de la Real Academia Española. Algunos de sus libros publicados más importantes fueron "Soledades", "Campos de Castilla" y "La Guerra".

Con el traslado de su abuelo catedrático dejó su Andalucía para irse a Madrid donde estudió en la famosa Institución Libre de Enseñanza de Giner de los Ríos. Más tarde viajó a París donde residía su hermano mayor Manuel con quien trabajó en obras teatrales.

Soria fue una ciudad importante en su vida y en respuesta es  la ciudad que aún guarda su huella más viva, allí se enamoró de la jovencísima Leonor Izquierdo y se casó con ella cuando ésta tenía 15 años, cinco años más tarde ella contrajo una tuberculosis y murió.  El poeta se quedó profundamente deprimido y pidió su traslado a Baeza, donde conoció a Federico García Lorca. En  Soria escribió sus poemas castellanos y fue abandonando el modernismo para ir acuñando su propio estilo.

Un segundo amor,más literario, llegó más tarde cuando se enamoró de Pilar, una mujer casada a la que dedicó su poesía amorosa con el nombre de Guiomar.

"Todo amor es fantasía;
él inventa el año, el día,
la hora y su melodía;
inventa el amante y, más,
la amada. No prueba nada,
contra el amor, que la amada
no haya existido jamás"

Aquí están algunos de los poemas que estuvieron presentes en mi escritura de aprendiz de poeta.

Anoche cuando dormía


Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que una fontana fluía
dentro de mi corazón.
Dí: ¿por qué acequia escondida,
agua, vienes hasta mí,
manantial de nueva vida
en donde nunca bebí?

Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que una colmena tenía
dentro de mi corazón;
y las doradas abejas
iban fabricando en él,
con las amarguras viejas,
blanca cera y dulce miel.

Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que un ardiente sol lucía
dentro de mi corazón.
Era ardiente porque daba
calores de rojo hogar,
y era sol porque alumbraba
y porque hacía llorar.

Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que era Dios lo que tenía
dentro de mi corazón




La musicalización de Joan Manuel Serrat y el impacto que tuvo en otros cantantes y músiscos puso a Machado en el conocimiento popular. Algunas versiones como la de Camarón de la Isla de "La saeta" son memorables.




LA SAETA


¡Oh, la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos,
siempre por desenclavar!
¡Cantar del pueblo andaluz,
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!
¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!
¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!

Encuentro un vídeo de "Retrato", otro de los grandes poemas de Machado, en el que recuerda su infancia en Sevilla desde la paz soriana, cantado por Serrat en el Teatro Monumental de Santiago de Chile en 1.969 antes del elocuente rechazo que hizo a la dictadura pinochetista y que lo alejó de Chile hasta el año 1.990 cuando regresó la democracia y cantó en el simbólico Estadio Nacional.




RETRATO


Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.
Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.
Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.
Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.
Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.
¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.
Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.
Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.
Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.


 Machado tomó claro partido por la España Republicana, como hicieron los principales escritores e intelectuales de España. Desde esa compañera cercanía en las letras y en las ideas escribió a la muerte de su amigo Federico.

En los últimos momentos de la guerra desde Barcelona (donde también estaba mi padre), Antonio Machado, ya enfermo, cruzó en ambulancia a Francia camino del destierro donde al mes de Febrero de 1.939 falleció en Collioure, uno de los lugares de culto para los jóvenes literarios de mi generación

EL CRIMEN FUE EN GRANADA


1. El crimen

Se le vio, caminando entre fusiles,
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
¿sangre en la frente y plomo en las entrañas?
... Que fue en Granada el crimen
sabed ¡pobre Granada!, en su Granada.


2. El poeta y la muerte

Se le vio caminar solo con Ella,
sin miedo a su guadaña.
¡Ya el sol en torre y torre, los martillos
en yunque! yunque y yunque de las fraguas.
Hablaba Federico,
requebrando a la muerte. Ella escuchaba.
«Porque ayer en mi verso, compañera,
sonaba el golpe de tus secas palmas,
y diste el hielo a mi cantar, y el filo
a mi tragedia de tu hoz de plata,
te cantaré la carne que no tienes,
los ojos que te faltan,
tus cabellos que el viento sacudía,
los rojos labios donde te besaban...
Hoy como ayer, gitana, muerte mía,
qué bien contigo a solas,
por estos aires de Granada, ¡mi Granada!»

3.

Se le vio caminar...
Labrad, amigos,
de piedra y sueño en el Alhambra,
un túmulo al poeta,
sobre una fuente donde llore el agua,
y eternamente diga:
el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!



Probablemente sus versos más conocidos son las estrofas de "Proverbios y Cantares" de su libro "Campos de Castilla" que Serrat incluyó en su canción "Cantares" incorporando tres estrofas propias y que se conoce popularmente por "Caminante no hay camino", con él cierro esta segunda nota machadiana.

CAMINANTE NO HAY CAMINO


Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.

Nunca perseguí la gloria,
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles,
como pompas de jabón.

Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse...

Nunca perseguí la gloria.

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.

 
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jueves, 31 de octubre de 2013

Antonio Machado - Recuerdo Infantil






Uno de los poemas que encontré también en mis primeros libros de texto fue el "Recuerdo infantil" de Antonio Machado. Las primeras lecturas no lo convirtieron en una experiencia poética especial, aunque reconozco que me producía una desazón imaginarme aburrido, yo que nunca lo estuve. Aburrido mirando por una ventana empañada en la que con el dedo abría un espacio para ver pasar, lenta, la tarde.

Recuerdo infantil

Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.

Es la clase. En un cartel
se representa a Caín
fugitivo, y muerto Abel,
junto a una mancha carmín.

Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.

Y todo un coro infantil
va cantando la lección:
«mil veces ciento, cien mil;
mil veces mil, un millón».

Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de la lluvia en los cristales.




Fue después, años más tarde cuando, ese tercer verso del poema apareció ante mí como una belleza interpretable:
"Los colegiales estudian. Monotonía".

 La posibilidad de seguir la puntuación y quedarse detenido en ese silencio de los colegiales sumergios en la lectura de su libro en la sala de clase, o no seguirla e imaginarlos estudiando una triste asignatura de la vida: la monotonía.
Así este tercer andaluz poeta subió a mis preferencias desde una cierta mirada reverencial, a él mi padre no le llamaba Federico, o Rafael, o Pablo. Él era Don Antonio Machado, su hermano, sin embargo era Manuel, otro poeta sevillano que no alcanzó la fama, pero que tiene versos notables.

Volveré a los Machado y su presencia en la formación de mi conciencia poética.