domingo, 4 de febrero de 2018

Blas de Otero un poeta que hoy reviso.


Acudo a Blas de Otero, uno de los poetas a los que llegué en la última parte de mi adolescencia, después de la Generación del 27 y los clásicos porque representó a la poesía social y la protesta, cuando en mí surgió la vocación política. Cantantes como Paco Ibáñez convirtieron en canción poemas como el conocido como "Me queda la palabra" y que en realidad se titula "En principio", formando parte de su libro "Pido la voz y la palabra"



En el principio

Si he perdido la vida, el tiempo, todo

lo que tiré, como un anillo, al agua,

si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.



Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.



Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.


Aqui  Paco Ibáñez en Granada en el año 2.008 en una versión del poema.

Blas de Otero nació en Bilbao el 15 de marzo del 1.916, hace pronto 102 años y estuvo influenciado por la notable Generación del 27, por Juan Ramón Jiménez, Rabindranath Tagore, Miguel Hernández, César Vallejo y el ambiente de una época que lo llevó de la espiritualidad a lo social. Sus poemas siempre me pusieron en contacto con la soledad, el dolor y una rabia callada que siempre me resultó poéticamente provocadora.

Lo traigo aquí porque vivimos tiempos en el que no debemos olvidar que nos queda la PALABRA, no podemos quedarnos en silencio, aunque busquemos nuestro silencio interior. Son dos actitudes conciliables, incluso necesarias.





domingo, 28 de enero de 2018

Adios al antipoeta: Nicanor Parra


"Nicanor, ha muerto, ¡Viva Nicanor!" Repetir esto 103 veces en distintos rincones de Chile puede ser un acto de antipoesía. Que esos rincones mezclen paisajes de barrios populares, monumentales de cordillera, bizarros del roterío, nostálgicos de los brumosos bosques, puede darle fondo e imagen a la antipoesía.

La antipoesía de Parra surge en los años 30 del siglo pasado, como una forma alternativa a la sonoridad de Neruda y al creacionismo de Huidobro. Los tres y Pablo Rokha pasaron por versos antipoéticos. ¿Qué es la antipoesía?

El propio Nicanor Parra lo explicó así. "El colegio era campeón de básquetbol y fútbol, por lo que a los atletas los consideraban héroes. A mí, Jorge MillasCarlos Pedraza y Luis Oyarzún, que formábamos un grupo de intelectuales, nos llamaban los filósofos y, según los deportistas, filósofo era sinónimo de pelotudo. Se dio la clásica rivalidad entre espartanos y atenienses. Decidimos que teníamos que revertir esta situación y para ser aceptados se nos ocurrió hacer un tipo de literatura humorística, con muchos chistes y bromas, que era aceptada por ellos. Fue una transacción en la que el último hombre arrasaría con el súper hombre. Se produjo el choque entre pedantería y vulgaridad; nosotros éramos los pedantes, ellos los vulgares, y la síntesis dialéctica entre ambos, es la antipoesía."

En palabras simples, significa la huida de un lenguaje culto y afectado y la cercanía a un hablar popular, en el que aparecen los dichos, las frases hechas y se elude lo retórico.

La obra que me fue llegando con el tiempo:

Hay dos panes
Usted se come dos.
Yo ninguno.
Consumo promedio:
Un pan por persona.

ooO0Ooo


Autoretrato

Considerad, muchachos,
Este gabán de fraile mendicante: 
Soy profesor en un liceo obscuro, 
He perdido la voz haciendo clases.
(Después de todo o nada
Hago cuarenta horas semanales). 
¿Qué les dice mi cara abofeteada? 
¡Verdad que inspira lástima mirarme! 
Y qué les sugieren estos zapatos de cura 
Que envejecieron sin arte ni parte.

En materia de ojos, a tres metros 
No reconozco ni a mi propia madre. 
¿Qué me sucede? -¡Nada!
Me los he arruinado haciendo clases: 
La mala luz, el sol,
La venenosa luna miserable.
Y todo ¡para qué!
Para ganar un pan imperdonable
Duro como la cara del burgués
Y con olor y con sabor a sangre.
¡Para qué hemos nacido como hombres
Si nos dan una muerte de animales!

Por el exceso de trabajo, a veces
Veo formas extrañas en el aire,
Oigo carreras locas,
Risas, conversaciones criminales.
Observad estas manos
Y estas mejillas blancas de cadáver,
Estos escasos pelos que me quedan.
¡Estas negras arrugas infernales!
Sin embargo yo fui tal como ustedes,
Joven, lleno de bellos ideales
Soñé fundiendo el cobre
Y limando las caras del diamante:
Aquí me tienen hoy
Detrás de este mesón inconfortable
Embrutecido por el sonsonete
De las quinientas horas semanales.

ooO0Ooo



Epitafio

De estatura mediana,
Con una voz ni delgada ni gruesa,
Hijo mayor de profesor primario
Y de una modista de trastienda;
Flaco de nacimiento
Aunque devoto de la buena mesa;
De mejillas escuálidas
Y de más bien abundantes orejas;
Con un rostro cuadrado
En que los ojos se abren apenas
Y una nariz de boxeador mulato
Baja a la boca de ídolo azteca
-Todo esto bañado
Por una luz entre irónica y pérfida-
Ni muy listo ni tonto de remate
Fui lo que fui: una mezcla 
De vinagre y aceite de comer
¡Un embutido de ángel y bestia!

ooO0Ooo

El hombre imaginario




Hay un Nicanor Parra que no sólo fue antipoeta, o profesor de matemáticas o constructor de artefactos o lobo estepario, el de poemas como este.


A recorrer me dediqué esta tarde
Las solitarias calles de mi aldea
Acompañado por el buen crepúsculo
Que es el único amigo que me queda.
Todo está como entonces, el otoño
Y su difusa lámpara de niebla,
Sólo que el tiempo lo ha invadido todo
Con su pálido manto de tristeza.
Nunca pensé, creédmelo, un instante
Volver a ver esta querida tierra,
Pero ahora que he vuelto no comprendo
Cómo pude alejarme de su puerta.
Nada ha cambiado, ni sus casas blancas
Ni sus viejos portones de madera.
Todo está en su lugar; las golondrinas
En la torre más alta de la iglesia;
El caracol en el jardín, y el musgo
En las húmedas manos de las piedras.
No se puede dudar, éste es el reino
Del cielo azul y de las hojas secas
En donde todo y cada cosa tiene
Su singular y plácida leyenda:
Hasta en la propia sombra reconozco
La mirada celeste de mi abuela.
Estos fueron los hechos memorables
Que presenció mi juventud primera,
El correo en la esquina de la plaza
Y la humedad en las murallas viejas.
¡Buena cosa, Dios mío! nunca sabe
Uno apreciar la dicha verdadera,
Cuando la imaginamos más lejana
Es justamente cuando está más cerca.
Ay de mí, ¡ay de mí!, algo me dice
Que la vida no es más que una quimera;
Una ilusión, un sueño sin orillas,
Una pequeña nube pasajera.
Vamos por partes, no sé bien qué digo,
La emoción se me sube a la cabeza.
Como ya era la hora del silencio
Cuando emprendí mí singular empresa,
Una tras otra, en oleaje mudo,
Al establo volvían las ovejas.
Las saludé personalmente a todas
Y cuando estuve frente a la arboleda
Que alimenta el oído del viajero
Con su inefable música secreta
Recordé el mar y enumeré las hojas
En homenaje a mis hermanas muertas.
Perfectamente bien. Seguí mi viaje
Como quien de la vida nada espera.
Pasé frente a la rueda del molino,
Me detuve delante de una tienda:
El olor del café siempre es el mismo,
Siempre la misma luna en mi cabeza;
Entre el río de entonces y el de ahora
No distingo ninguna diferencia.
Lo reconozco bien, éste es el árbol
Que mi padre plantó frente a la puerta
(Ilustre padre que en sus buenos tiempos
Fuera mejor que una ventana abierta).
Yo me atrevo a afirmar que su conducta
Era un trasunto fiel de la Edad Media
Cuando el perro dormía dulcemente
Bajo el ángulo recto de una estrella.
A estas alturas siento que me envuelve
El delicado olor de las violetas
Que mi amorosa madre cultivaba
Para curar la tos y la tristeza.
Cuánto tiempo ha pasado desde entonces
No podría decirlo con certeza;
Todo está igual, seguramente,
El vino y el ruiseñor encima de la mesa,
Mis hermanos menores a esta hora
Deben venir de vuelta de la escuela:
¡Sólo que el tiempo lo ha borrado todo
Como una blanca tempestad de arena!

 
 
De Poemas y antipoemas (Santiago, Nascimento,1954)


103 veces digo, repetir "Parra ha muerto ¡Viva y vuelva Nicanor Parra!


domingo, 3 de diciembre de 2017

Poema inédito de Miguel Hernández

Juan Miguel me hace este regalo al localizar la noticia del poema inédito de Miguel Hernández que, con motivo del cumplimiento de los 75 años de su muerte, los nietos de su hermana Elvira, dieron a conocer.

Una elegía como aquella a Ramón Sitjé que me ha acompañado en cada muerte de personas queridas. Un buen motivo para romper mi silencio en este blog.


A MI AMIGO MANOLO, AGUADOR AHOGADO 
Por Miguel Hernández 
A punto de casarte te has ahogado. 
Y una mujer tortura sus cabellos,
echa de menos un timón de olmo, 
llora un novio de yunques resistentes, 
un corazón de campanario en fiesta, 
derramando jornales por el suelo, que unisteis 
para pagar el azahar y el hijo.
Y otra mujer, tu madre, tan mezquina
que te crió con hierbas y mendrugos,
gime y te insulta porque ha de pagar tu entierro.
Hoy tendrán sed tinajas y gargantas, 
hoy huelgan por ti fuentes y aguadores, 
carros y surtidores, con los brazos caídos. 
Tu cuerpo estaba hecho de herramientas sonoras:
parecías compuesto de disparos, 
tu voz llevaba un trueno de las riendas 
y dos trillos tus pasos, tan potentes 
que quedaban las huellas de tus pies
grabadas en las losas. 
Tú y la chicharra, de la misma especie. 
Cuando hacías equilibrios sobre un cuchillo en pie,
cuando sobre tu carro
de cántaros templando sus guitarrones de agua, 
relampagueando el látigo mordías al borrico, 
cuando te desplegabas sobre tu acordeón, 
caía seducida una hortelana.
Tú y Rosendo, los mozos más fornidos, Manolo.
Tu dilatado tórax ocupaba la calle, 
a tu sien hondamente negra de juventud 
acudían las venas y el amor a manojos, 
parecía que nunca te habías de morir, 
parecías verdad, y eras mentira. 
Viniste al mundo derribando sillas
y levantando arados con los dientes,
tu mano mejoró la del león
y resistió tu espalda la caída de un pino. 
Gremio de relucientes puñaladas,
suavemente las aguas te han matado. 
Cuatro aguadores de anudados brazos
te llevan con los pies para delante. 
Cuenta con mi dolor, cuenta conmigo,
y con mi corazón, y con mi lengua, 
cuenta con un puñado de lágrimas y tierra, 
cosechero que fuiste del estrépito, 
privilegio acabado de la vida.

viernes, 9 de junio de 2017

Soneto a los chicos de Preu, promoción 1.967


Fuimos alumnos del grupo B del Instituto Ramiro de Maeztu; con el tiempo nos fuimos reencontrando. Ahora al celebrarse los 50 años de terminar nuestro Preuniversitario, toda la promoción lo celebró, entre ellos nosotros. 

Nos sorprendemos de la facilidad con la que el vínculo se ha reconstruido. Sin duda tendremos conversaciones en el futuro que expliquen qué características tuvo nuestro afecto, qué circunstancias lo han mantenido incólume. Hoy me arrogo el título que en abril de 1.967  la revista Candil me otorgó ("El poeta de Ramiro") y escribo transido de emociones. 

Soneto

Aquí fuimos  futuro, aquí crecimos.
Se abrieron nuestros ojos a la vida,
no hubo puertas cerradas, no hubo heridas;
cada día fue intenso y nuevo y lo vivimos.

Aquí fuimos tronco y raíz de una aventura,
conocimos la dulce amistad y el desafío,
fuimos madera, barro y levadura,
aprendimos que el río nunca es el mismo río.

Cincuenta años después nos encontramos.
Lo que parecía eterno, fue apenas un minuto,
aunque trae una luz especial, que celebramos,
un mensaje, en la indeleble tinta azul del Instituto:

“No sois ya aquellos jóvenes aprendices de antes,
pero seréis por siempre puros y alegres Estudiantes”.





jueves, 26 de enero de 2017

Encuentro de Poesía


Ya lo hemos hecho otras veces, los amigos del Grupo de Desafío nos hemos reunido fuera de nuestro espacio metodológico para leer poesía. Esta vez aprovechando la estancia de Cande, a la poesía le hemos puesto tapas de la cocina de España y nos reunimos en mi casa.

Fernando Contardo, empieza con Miguel Hernández. Lee la carta que le envió a su mujer desde la cárcel de la calle Torrijos (en la que también estuvo mi padre) en ella le enviaba  el poema  "Las nanas de la cebolla."

Me quedo con esta estrofa que repito desde hace tantos años:

"Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma."

Pablo Garcia del Real ha elegido a Constantino Cavafis y su poema a Ítaca.


"Ten siempre a Itaca en tu mente. 
Llegar allí es tu destino. 
Mas no apresures nunca el viaje. 
Mejor que dure muchos años 
y atracar, viejo ya, en la isla, 
enriquecido de cuanto ganaste en el camino 
sin aguantar a que Itaca te enriquezca. 

Itaca te brindó tan hermoso viaje. 
Sin ella no habrías emprendido el camino. 
Pero no tiene ya nada que darte."

Fernán Ibáñez nos trajo a dos autores diferentes de dos épocas distintas: Federico García Lorca y Jorge Manrique. Tomo su décima cinco


"Este mundo es el camino
Para el otro qu'es morada
sin pesar;
más cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
Partimos cuando nascemos,
andamos mientras vivimos,
e llegamos
al tiempo que fenecemos;
assi que cuando morimos,
descansamos."


Maribel Vidal nos ha traido a la uruguaya Juana Ibarbourou. Me quedo con algunos de los versos de su "Vida-Garfio"

"Amante: no me lleves, si muero al camposanto

A flor de tierra abre mi fosa, junto al riente 
alboroto divino de alguna pajarera
o junto a la encantada charla de alguna fuente


A flor de tierrra, amante. Casi sobre la tierra,

donde el sol me caliente los huesos, y mis ojos,
alargados en tallos, suban a ver de nuevo
la lámpara salvaje de los ocasos rojos."


Gloria Figueroa elige la mirada a Chile: Oscar Hahn, dos hermosos poemas, que no encuentro ahora entre mis libros, pero en estos días en los que Chile arde por sus cuatro puntos cardinales, traigo aquí su hermoso "Ciudad en llamas"

"Entrando en la ciudad por alta mar
la grande bestia vi: su rojo ser
Entré por alta luz, por alto amor
entréme y encontréme padecer
Un sol al rojo blanco en mi interior
crecía y no crecía sin cesar
y el alma con las hordas del calor
templóse y contemplóse crepitar
Ardiendo el más secreto alrededor
mi cuerpo en llamas vivas vi flotar
y en medio del silencio y del dolor
hundióse y confundióse con la sal:
entrando en la ciudad por alto amor
entrando en la ciudad por alta mar"


Lee después Alberto Chacón a Mario Benedetti y dos caras de su lírica moneda, la hundida en la decepción y su himno de alegría combatiente. Dejó aquí los últimos versos de su "Defender la alegría"

                                                                               "defender la alegría como una      certeza 

defenderla del óxido y la roña 
de la famosa pátina del tiempo 
del relente y del oportunismo 
de los proxenetas de la risa 

defender la alegría como un derecho 
defenderla de dios y del invierno 
de las mayúsculas y de la muerte 
de los apellidos y las lástimas 
del azar 
y también de la alegría
."

Leo yo  a dos poetas españoles, la generación del 27, representada por Rafael Alberti en su época más andaluza y lorquiana y al alicantino Carlos Sahagún de la generación del 50 con uno de los poemas que mas me impactaron en mi adolescencia "Cosas inolvidables", escrito en 1.961

"Pero ante todo piensa en esta patria,
en estos hijos que serán un día
nuestros: el niño labrador, el niño
estudiante, los niños ciegos. Dime
qué será de ellos cuando crezcan, cuando
sean altos como yo y desamparados.
Por mí, por nuestro amor de cada día,
nunca olvides, te pido que no olvides.
Los dos nacimos con la guerra. Piensa
lo mal que estuvo aquella guerra para
los pobres. Nuestro amor pudo haber sido
bombardeado, pero no lo fue.
Nuestros padres pudieron haber muerto
y no murieron. ¡Alegría! Todo
se olvida. Es el amor. Pero no. Existen
cosas inolvidables: esos ojos
tuyos, aquella guerra triste, el tiempo
en que vendrán los pájaros, los niños.
Sucederá en España, en esta mala
tierra que tanto amé, que tanto quiero
que ames tú hasta llegar a odiarla. Te amo,
quisiera no acordarme de la patria,
dejar a un lado todo aquello. Pero
no podemos insolidariamente
vivir sin más, amarnos, donde un día
murieron tantos justos, tantos pobres
Aun a pesar de nuestro amor, recuerda."
              
Gerard Prins trajo a Lord Byron ante la falta de poetas holandeses y nos leyó "Ella camina en la belleza":

"Una sombra de más, un rayo de menos,
De haber mermado la gracia sin acervo
Que se agita en cada plumaje del cuervo
O ilumina suavemente así su cara
Donde los pensamientos serenamente
dulces expresan eso que le depara
su pura y adorable hermosa morada.

Y en esa mejilla, y sobre esa frente
Tan suave, tan tranquila, pero elocuente,
Las sonrisas que vencen, tintes que brillan,
Y hablan de días en la bondad presente
Una mente en el pasado en paz con todo,
Un corazón cuyo amor es inocente."

Termina Angélica leyendo un poema de Juan Vera. No se me ocurrirá incluirlo ahora. Mi vanidad no llega a tanto.